Se encontraron para almorzar cerca de Reconquista, después de un resumen de sus vidas mientras comian, se despidieron… tranqui solo un beso en la mejilla.
Ok, es cierto, tal vez podrían haber resuelto ir al hotel junto a la oficina, o quedar en verse otra vez, tirar una frase matadora, pero no sucedió. Podrían haber mostrado el costado seductor indirecto, el speech típico de conquista, decir exactamente lo que el otro quiere escuchar, regar de perfume femenino o masculinidad rozandose la mano… pero no. Nada de rollos extraños, nada de histeriqueo. Buena onda.
Entonces acordaron no contarle a nadie… el motivo? La especulación morbosa del oido ajeno, la verdad casi nunca deja tranquilo a nadie, la omisión no despierta sospechas y todos en paz.
Si hubieran desatado el instinto lujurioso a la hora de la siesta, nadie se hubiera enterado, o quien sabe tal vez pasó y nadie lo sospechó a plena luz del dia.
Rami