La buena memoria tiene sus contras, por ejemplo: recordar la fecha de cumpleaños de un ex, recordar la fecha exacta y que día de la semana cayó cuando lo conociste… también recordar que tenía puesto esa noche en la que dijiste “la puta, me parece que me enamoré”.
Entonces después de un año de no verlo, y de haber superado esa etapa de tu vida llega su cumpleaños, obvio, no hablas con el, es mas no tenés su telefono entonces las posibilidades que el sepa que recordas su cumple son nulas, pensas en que es mejor así, porque de que serviría mandarle un mensaje? Además estas con alguien y el seguro tambien… para qué revolver el pasado?
Y suena el despertador miras la hora y ves la fecha y puteas porque falta que suene Melodia desencadenada para largarte a llorar, porque sabés que fue tu culpa y puteas otra vez lamentando esa maldita memoria. Ya en el subte escuchas música, la peor para esos momento, esa que te provoca una catarata de lágrimas y pensas en la gente que te mira de reojo, patética, pero no te importa… tenés que sacarte la angustia. Te llama tu actual cuando llegas a Diagonal Norte, te pregunta si estas bien, te nota extraña y confesas que lo extrañaste debe ser eso, pero nunca admitis el llanto (obvio, es inútil explicar que es por otro).
La única cura es comprar algo, zapatos o carteras, ideales para un momento como ese y caminas por Arenales, para despejarte y ahí esta el cumpleañero, parado en la puerta de su trabajo viendo como te acercas, y sonríe... las rodillas se te aflojan, lo mirás y definitivamente moris de ganas de besarlo, pero amablemente saludas y paras un taxi, la mejor opción es la huida con estilo. Reincidente jamás!
Ramita
