Se sentó en el borde de la cama y dijo: “le tiré el celular por la ventana, por hijo de puta” y se largó a llorar como una nena durante 45 minutos; la abracé y me quedé callada…
Habian estado toda la noche juntos, como nunca el se puso las pilas, no se durmió rápido ni acabó en 5 minutos, todo lo contrario según ella era un dios del sexo. Yo solo la escuchaba, era una de las tantas veces que debía contenerla con ataques de llanto por culpa de su enamoradizo y discolo corazón.
De a poco se fue calmando y me contó: en pleno romance post sexo desenfrenado, suena el celular, desesperado se abalanza sobre el y atiende. Cara de “no podes llamarme justo en este momento”. Voz nerviosa. Fin de llamado.
“Quien era?” preguntó ella como desubicada que es… le dijo: "Mi ex" sonriendo.
Loca, sin esperar una justificación se levantó de la cama, envuelta en sabanas e inició un rosario de puteadas que avergonzarían a Corona y a Yayo juntos; se acercó a él le metió un piñon y agarró el celular y lo revoleó con buena punteria por la ventana, hacia la calle 5 pisos abajo.
Cuando llego a casa, estaba destruida, la verdad es que no era tanto por el llamado sinó porque sabía que preferia una mentira.
Ramita
No hay comentarios:
Publicar un comentario