
Sentado bajo el árbol a la hora de la siesta, tomando mates, pensando en dormir o quedarse ahí disfrutando del silencio que le prodigaba el jardín, prendió el celular, miró la pantalla sin ninguna novedad. Sonrió, sus ojos mostraban satisfacción; se recostó en el pasto, y se durmió, las imágenes lo sacudieron cayó al vacío gritando, el agua lo golpeó, pero seguía conciente buscando la forma de salir a la superficie, en el esfuerzo rozó una roca y se abrazó a ella. Agotado, los brazos hinchados, se dejó llevar por la corriente y descansó sus ojos al llegar a una playa silenciosa. La voz de unos niños lo despertó, el calor lo empujaba y no podía levantarse, las voces se acercaban y él continuaba tendido, confundido por la odisea del rio. Sintió un beso en la frente y se dio cuenta, que se había caído de la reposera, y los niños jugando lo habían mojado, viviendo así un sueño de aventura a la hora de la siesta.


