
Una mañana de marzo, atacó un frio polar raramente bien pronosticado, el estaba sentado en la vereda como tantas mañanas, tardes y noches de sus ultimos cortos años de vida...sin medias, sin fuerzas, sin mendigar ni con la mirada, de a poco se dormia...cuando sintió una mano calida en el hombro, sintiendo el calor del sol en su sonrisa...Ya no estaba en Buenos Aires...ya no estaba pidiendo monedas entre malos malabares, y autos importados..ya no veia la mirada de rechazo, ni las monedas de 10 centavos...guardadas en su saco....estaba en brazos del calor de su rincón soñado..el frio le puso fin a su dolor silenciado, por las bocinas de los autos.



