lunes, 22 de julio de 2013
Buena memoria
Los pies helados, poco sueño y divague nocturno, garabateando.
Recordas que en la adolescencia, algo perturbada, existía un objeto de admiración, amor, misterio, vaya uno a saber qué, que te causaba dolor de panza, te encantaba, te tensionaba verlo, subias al colectivo y estaba parado, ahí tan cerca y te morias de ganas... de qué? ni idea, era proto-histeria, eras una colegiala con inquietudes, mas dudas que deseos reales, esperabas con ansias las 12:15 para salir del colegio. Sonreís pensando en esa ridicula emoción, ese exceso de verguenza pero con tintes de osadía para verlo una vez mas y siempre la misma sensación.
Antes de aburrirte de terapia la vida te aburría, algo freak, algo suicida... el amor propio viajaba en otro tren, y te sentabas a ver la vida pasar; los lápices estaban cerca, escribias y te alimentaba cada palabra, no te encontrabas, pero eran pequeños instantes de felicidad, de plenitud. La careteabas, siempre la careteaste.
Después de terapia, la soledad, chocar con la revelación cabal de no saber a donde ir, que hacer y mucho menos que querer. La adultez llegó con el trabajo, la madurez tardó un poco mas. Las noches de viernes eran eternas, cerveza y cigarrillos, desenfreno, besos regalados y ningún amor, los lapices y los pinceles cerca, eran años de inspiración entre tanto desequilibrio. "No sos vos" te dijo una amiga una noche alcoholizadas, de ahí en picada hasta la piña brutal contra el suelo. Te levantaste. Nunca mas ibas a caer te dijiste.
No queres recordar mas, lo sabes... aunque cada vez que lo ves el dolor de panza es igual, diez años después.
Los lápices, los pinceles, pintura de color, blanco, negro.... todo sigue ahí acompañando,
.
Ramita
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario