jueves, 27 de junio de 2013

Ella feliz, él marchito.




La golpeó, después le pidió perdón pero ya tenía el ojo morado. 
Ella huyó a la casa del padre pero un mes después volvió con él. La sangre todavía estaba en la pared como recordatorio de la locura. La amenazó con un cuchillo, rompió una ventana, llenó de miedo el espacio entre él y su amada.

No volvieron a verse de la misma manera, por un lado los celos y los reproches, por el otro esos años que no querian perder.

Y un día se terminó, ella pensó que nunca mas sería felíz con alguien, se vio sola encarando de nuevo el camino para crecer, creyó que no podría reconstruir su vida... pero hoy se ve diferente, mira a sus hijos, sabe que algo bueno tuvo aquella unión, pero tambien sabe (aunque le duele) que iba a terminar con uno de los dos en un cajón si no se separaban. Ella lo entendió, ahora es feliz, juntó los pedazos de su vida y creció, se hizo grande, pudo con el dolor, la soledad y volvió a brillar.

Él todavia NO CAYÓ, no se hizo cargo de lo que destruyó, ronda la casa, se esconde para ver que hace ella de su vida, la persigue en silencio; tanto amor se convirtió en odio, tanto amor lo secó por dentro y ahora se lo ve como un fantasma, sudoroso, crispado, lleno de veneno, amarillo y marchito. 






Ramita

2 comentarios:

Romy dijo...

Muy triste...cuantas realidades rodando por estas rutas tan conocidas...

ojo vidrioso dijo...

Un bajón como se arruinan las posibles buenas historias...