lunes, 30 de enero de 2012

Aislarse


Miraba el techo de madera,  mientras él sentado en la punta de la cama leía. Leía para ella.

No pretendía enamorarse, tal vez pensaba en compartir el vacío que cargaba, para de alguna forma llenar espacios, lograr instantes de felicidad y no sentir la inmensidad del mundo.

En las sombras lo miraba, se tapaba la cara con la almohada imaginando que de una vez por todas deje de leer y la abrace, pero no lo iba a decir, no iba a pedirlo porque hubiera mostrado que lo necesitaba en ese momento y no era de esas, de esas que jadean y se arrastran por una migaja de amor, ella no tenía intensiones de mendigar cariño. Ella se alejaba.

Era el momento perfecto para escuchar algo de jazz y desnudarle las ganas, era el momento ideal para besarle la espalda y llevarlo a las sabanas, abrazarlo, hundirse en la noche y respirar la mañana. Pero ella no lo pensó así, miró la hora encendió un cigarrillo, sonrió y le dijo que era tarde.

Tomó su cartera, le dio un beso y se fue. Él no alcanzó a intentar convencerla de quedarse. No sabía que su mente se anticipaba a todo, a todos y que antes que eso se termine ella se iria. No soportaría un fracaso más, preferia huir.






Ramita





1 comentario:

caro dijo...

Quien huye como dice el refrán popular es soldado de otra guerra..en fin..Cuanto de ficticio hay en lo real? Excelente